VISITA DA ESCRITORA LEDICIA COSTAS

Este mércores, 6 de xuño, a escritora Ledicia Costas visitou o noso colexio. Os alumnos de 2º da ESO tiveron a oportunidade de falar con ela sobre as súas obras, especialmente Jules Verne e a vida secreta das mulleres planta, Premio Lazarillo 2015, que leran no segundo trimestre.
A autora presentoulles dous breves vídeos nos que se recollían os feitos reais que inspiraron o libro: as dúas visitas do escritor a Vigo, Sanjurjo Badía e revelloulles algunha que outra anécdota. Comezou logo un coloquio autora-lectores que resultou do máis gratificante: o alumnado realizou moitas preguntas sobre o libro, a lectura e o proceso de creación que a galardonada escritora contestou amplamente.
Falounos da importancia que ten para un escritor a lectura, do duro que foi a elaboración de Un animal chamado néboa (o seu libro máis apegado á realidade e ambientado na guerra civil), das alegrías que lle teñen dado os seus libros, das súas lecturas e autores favoritos…

Moitísimas grazas, Ledicia Costas, po…

Nada. CARMEN LAFORET. RESUMEN Y ESTUCTURA

RESUME EL SIGUIENTE TEXTO Y REALIZA UNA ESTRUCTURA.

Era la primera vez que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran Estación de Francia y los grupos que estaban esperando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso.



El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes, tenían para mí un gran encanto, ya que envolvía todas mis impresiones en la maravilla de haber llegado por fin a una ciudad grande, adorada en mis sueños por desconocida.

Empecé a seguir –una gota entre la corriente- el rumbo de la masa humana que, cargada de maletas, se volcaba en la salida. Mi equipaje era un maletón muy pesado -porque estaba casi lleno de libros- y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación.

Un aire marino, pesado y fresco, entró en mis pulmones con la primera sensación confusa de la ciudad: una masa de casas dormidas, de establecimientos cerrados, de faroles como centinelas borrachos de soledad. Una respiración grande, dificultosa, venía con el cuchicheo de la madrugada. Muy cerca, a mi espalda, enfrente de las callejuelas misteriosas que conducen al Borne, sobre mi corazón excitado, estaba el mar (…) Recuerdo que, en pocos minutos, me quedé sola en la gran acera, porque la gente corría a coger los escasos taxis o luchaba por arracimarse en el tranvía.


Uno de esos viejos coches de caballos que han vuelto a surgir después de la guerra se detuvo delante de mí y lo tomé sin titubear, causando la envidia de un señor que se lanzaba detrás de él desesperado, agitando el sombrero. Corrí aquella noche, en el desvencijado vehículo, por anchas calles vacías y atravesé el corazón de la ciudad lleno de luz a toda hora, como yo quería que estuviese, en un viaje que me pareció corto y que para mí se cargaba de belleza.


Enfilamos la calle Aribau, donde vivían mis parientes, con sus plátanos llenos aquel octubre de espeso verdor y su silencio vívido de mil almas detrás de los balcones apagados. Las ruedas del coche levantaban una estela de ruido, que repercutía en mi cerebro. De improviso sentí crujir y balancearse todo el armatoste. Luego quedó inmóvil-

-Aquí es- dijo el cochero.

                                                                                                                           Nada, Carmen Laforet