miércoles, 4 de marzo de 2015

NUESTRO RINCÓN LITERARIO...

Os seguimos mostrando los escritos de nuestros alumnos, Andrea Martínez Puga e Iria Martínez Baltar de 2º de Bachillerato han escrito estas estupendas composiciones llenas de emoción y creatividad.

                                       Y AHÍ VA ÉL

                           (Andrea Martínez Puga 2º Bachillerato)

 Y ahí va él.

Al que algunos tachan de loco,
con la cabeza gacha
haciéndole una reverencia al mundo.
Cuando en realidad,
bajo esa máscara de conformidad
se encuentra el líder
de una revolución interna.


Y ahí va él.

Ocultando la cara
para que no vean en ella
las lágrimas caer,
siendo ellas
lo más cercano a una caricia que sienta.
Para que no vean en ella
el dolor de su mirada.
Porque le duele
el creer que no tiene nada.
Porque le cuesta
seguir en pie cada mañana.

Y ahí va él.

Cansado de estar cansado.
Rogando cariño
en el lugar equivocado.
Perdido y sin rumbo,
buscando su lugar.

Y ahí va él.

Como quien va a la guerra.
Con el semblante frío y duro,
con el corazón molido y roto.

Y ahí va él.

Que ya no quiere ir más.
Que quiere descansar
y nunca despertar.
Quiere darse por vencido,
dejarlo todo ya.

Y ahí va él.

El que no se da cuenta
de que no todo es soledad,
de que su dolor es compartido
y su meta una realidad.

Y ahí va él.

Con paso lento
y la toalla tirada.
Cada vez le cuesta más andar,
cada vez le cuesta más seguir.

Y ahí va él.

Pero un día ya no irá.
Un día será ese soldado de guerra
que como un héroe se le recuerda,
pero de quien no queda más
que retablos de su cuerpo
y pequeñas memorias.

Y ahí va él.

Porque aún va.
Porque en ese vacío
en el que cree que vive
estamos los demás
amparando su caída,
recogiendo sus pedazos
y ayudándolo a fijar el rumbo
que un día perdió.

Y ahí va él,

Con hambre en la mirada
y confianza en la sonrisa.

Y por fin, ahí va.

                                                                               SOY 

                                                                  Andrea Martínez Puga 2º Bachillerato 
 

Y de pronto me he convertido en una extraña. En una don nadie. En una fugitiva. En un alma que vaga en pena buscando su sitio. En una sin techo. De pronto, un vacío se forma en mi interior. Estoy sola. Paradójico que mil ojos se claven en mí, que mil palabras me taladren la cabeza y que mil lágrimas recorran mis mejillas buscando una salida. Pero no la hay. Al menos no para mí. A nadie le importa que me haya desviado del camino, que haya dejado de ser yo para convertirme en mi alter-ego, el cual está acabando conmigo. Quizás debería asumir este nuevo rol y dejarme llevar. Continuar cayendo desde el precipicio más alto que he visto en mi vida, pero que la presión ha transformado en el trampolín hacia el todo (o la nada). Quizás perdiéndome completamente conseguiré encontrarme de nuevo; quizás dejándome llevar volveré a ser políticamente correcta y a destacar por mis modales; quizás, y solo quizás, consiga volver a ser la misma de antes. Pero, ¿y si fue antes cuando estaba perdida y es ahora cuando me encuentro? ¿Y si este es mi ‘yo’ real? ¿Y si estoy destinada a perderme por siempre y vivir en el fondo, buscando a duras penas una luz que me haga recobrar el sentido?

-¿Quién soy? –me pregunto. Aunque solo a veces, cuando estoy segura de que no voy a hallar respuesta en mi subconsciente. En realidad tengo miedo de saberlo, tengo miedo de que todas mis preguntas tengan respuesta y aun así siga vacía, de que ya no me quede nada a lo que aspirar. Aunque siendo yo (si es que soy algo), ¿a qué puedo aspirar? Para muchos, una persona. Para Dios, su hija. Quiero creer que estoy bien, pero en el fondo sé que es al contrario. No me encuentro, no me distingo, he cambiado, ¿para mal o para bien? No lo sé. Simplemente no sé nada, no sé qué esperar, no sé qué buscar, no sé hacia dónde ir ni dónde quedarme. Simplemente doy vueltas, giro perdida, intentando fijar un rumbo mientras pierdo la noción del tiempo, mientras mi equilibrio se desvanece, mientras caigo… Caigo. Caigo sin piedad, sin miedo, sin vida. Me dejo llevar por la suavidad con la que la gravedad me atrae hasta el fondo, mi lugar, mi sitio, mi perdición y mi ayuda. Es paradójico que el caos sea pura armonía para mí, que en él encuentre la paz que algún día tuve pero que se perdió con mi verdadero ‘yo’. Aunque esto último no está aún del todo claro. Nadie puede asegurarme con certeza quien es mi ‘yo’, ni siquiera yo misma lo sé y dudo que todas aquellas personas ajenas a mí tengan la decencia o las ganas de perder el tiempo averiguándolo.

-¿Y cómo es alguien como tú? –me preguntas. Alguien como yo es nada y aspira a serlo todo. Soy alguien y no soy nadie. Soy lo que quiero ser y no alcanzo. Soy el ansia de libertad y el miedo innato. Soy lo que se espera de mí y la decepción del no serlo. Soy. Como todos.

                                                          EL HOMBRE

                                                        Iria Martínez Baltar 2º Bachillerato

Si preguntas con seriedad a alguien qué considera más importante, un ordenador o el ser humano, probablemente te responda este último. Pero, ¿qué nos diferencia de las máquinas? Al igual que ellas, somos creados, cada vez contenemos más información, y cuando no queda espacio, formateamos nuestra memoria. Con el tiempo nos vamos estropeando, y, tras haber funcionado durante años, dejamos de hacerlo.
A los ordenadores también hay que cuidarlos, mantenerlos, protegerlos; lo mismo con las personas. Ambos tenemos una función que debemos cumplir, y por la cual el mundo nos necesita.

Pero el ser humano tiene algo más, algo único, el ser humano tiene alma, sentimientos, un corazón abstracto que no bombea solamente para llevar oxígeno a cada una de las células de nuestro cuerpo, sino que también ama. El ser humano es el único que se preocupa por otras personas, por tonterías, por cosas graves, cosas que quizá ni le afecten. Es el único que reconoce haberse equivocado y que pueda rectificar, alguien que puede actuar por libre sin necesidad de ser programado. Es el único que puede dar sin necesidad de recibir, que miente para evitar hacer daño, que lleva la verdad por delante de todo.

Lo triste es cuando hay personas que se comportan como máquinas, y que no quieren arriesgarse para evitar sufrir, y eso no es vida. Debemos cometer millones de errores para rectificar, es la única forma de encontrar algo tan deseado como la felicidad. Comportémonos como tales, porque el ser humano es maravilloso.








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